Una esperanza después del abandono

REDACCIÓN: Natalia Aguinsaca


Que difícil debe ser darnos cuenta que con el paso de los años llegamos a una etapa de la vida donde la juventud, fuerza y resistencia se nos va debilitando. Pero es aún más duro comprender que después de haber criado, servido y amado a una familia; sean ellos quienes hoy aprovechando tu fragilidad, te abandonan y olvidan por la aparición de unas cuantas canas y tú dificultad al caminar. 

En Ecuador un gran número de adultos mayores (considerados de 65 años) viven en total abandono y pobreza; sin dinero, alimentos o medicamentos para sostenerse. Este grupo de personas pasan sus días completamente solos, muchos en la indigencia. Esta situación se origina por las difíciles condiciones de vida que tienen que atravesar los ancianos durante esta etapa de la vida, como la falta de oportunidades de trabajo, discriminación, violencia y exclusión del entorno familiar y social.


El abandono de adultos mayores es un fenómeno creciente dentro de nuestra sociedad y en este contexto los hogares de acogida, asilos y albergues se han convertido en la opción de vida de quienes por su avanzada edad están destinados a una existencia de maltratos, riesgos y soledad en las calles.

Precisamente esta es la realidad de 39 ancianos que sobrevivieron al desamparo e indiferencia de sus familiares y encontraron la esperanza de una vejez digna en el Hogar de las Misioneras de la Caridad “Santa Teresita”, donde reciben atención solidaria.

Este hogar de acogida tiene más de 20 años funcionando y actualmente alberga a 10 mujeres y 29 varones, donde la mayoría de ellos fueron rescatados de las calles, pues no cuentan con un conocido que se ocupe de ellos o porque sus parientes han decidido olvidar su deber de cuidarlos.

En este espacio a través de terapias, atenciones médicas y cuidados personalizados los residentes del hogar han mejorado su calidad de vida y,  gracias a la caridad de las cinco hermanas encargadas del lugar han encontrado una opción para no envejecer en completa soledad.

El hogar de adultos mayores se sustenta con la divina providencia es decir con las donaciones de las personas que de manera caritativa contribuyen con esta causa de ayudar al más necesitado.

Movilizándose con bastones, ayudados con andadores y algunos sentados en silla de ruedas; los ancianos de esta estancia viven su día a día recorriendo las instalaciones del hogar siempre con la esperanza de que alguien llegue a visitarlos y sobre todo con la ilusión que su familiar acuda a buscarlos y les conceda algo de afecto.

Para la hermana Aurora Reyes, misionera de la caridad, es injusto dejar en abandono a un anciano que entregó su vida al cuidado de sus seres queridos y por ello es necesario que las personas sean conscientes del dolor que les causan a los viejitos con su desprecio.  

El Hogar de las Misioneras de la Caridad “Santa Teresita”, así como tantos lugares de acogida del país necesitan de la ayuda que les puedas brindar; donaciones económicas, de ropa en buen estado, alimentos no perecibles, ser voluntario en las tareas diarias de los refugios o simplemente acompañar a los ancianos puede contribuir para mejorar y alegrar su vida.

Aunque la mayoría de ancianos abandonados que encuentran resguardo en estos albergues tienen la oportunidad de vivir su vejez con los cuidados y atenciones que necesitan; disfrutando de momentos de paz y alegría junto a sus compañeros; hay también quienes se refugian en la tristeza del recuerdo de sus familias y este dolor los acompaña hasta el último de sus días.

Recuerda que  todos los adultos mayores son valiosos, merecen tú amor y atención.

¡No los Abandones, Cuídalos y Respétalos!

1 thought on “Una esperanza después del abandono

  1. La esperanza nunca debe morir aún despues del abandono familiar porque Dios nunca abandona. En el hogar de las Hnas Misioneras de la caridad Madre Teresa de Calcuta se respira paz, amor, solidaridad, aseo, organizacion me consta la atención que brindan a los ancianos y ancianas que alli viven. Es mayor el número de mujeres ancianas que allí comparten. Dios bendiga y proteja a las madres Misioneras que realizan esta labor.

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