Los políticos, ¿son políticos?

¿Cuántos epítetos pueden emplearse para describir ‘lo político’ en Ecuador?, varios, no hay duda. En estos ‘tiempos recios’, cuando retornamos a lo que Marlon cataloga como el “mundial para los politólogos” (es decir, las elecciones), hemos visto cómo va tomando forma la arena política en el país: disputas aquí, salidas allá, unas palabras más, unos silencios menos; en fin, eso ese es el espíritu de la actividad política —el mismísimo de ‘lo humano’.

Hace unos días, escuchando las noticias nacionales mientras barría mi cocina, pronto se habló de lo sucedido con Héctor Vanegas, candidato a la prefectura del Guayas. El hecho, de por sí escandaloso, devino en una publicación de Vanegas en su Twitter:

«Lo dije al inicio, no soy político, soy de hecho quizás lo más políticamente incorrecto que habrá en la papeleta electoral. Los políticos, cuando cometen errores, no ofrecen disculpas por esos errores, lo justifican. Yo sí voy a ofrecer disculpas por este error mío porque soy un ciudadano, no soy político».

Es común que en muchos momentos atravesemos el no saber, exactamente, qué somos. Empero, cuando un candidato a unas elecciones asevera no ser político, una contradicción lógica nos surge. ¿Cómo denominar, entonces, a quien participa de la actividad política encaminada al gobierno de la sociedad? ¡Qué jodido! Fue en ese momento que recurrí a la sabiduría de Catalino, el conejo “filósofo incomprendido”, a que me orientase.

Las palabras de Vanegas revelan algo que ya nos debe resultar evidente: en el imaginario social hay un perfil determinado para quienes participan de ‘lo político’, dígase así, una visión caricaturizada (evidentemente, luego de una serie de personajes que, con su accionar, han provocado la confusión sobre qué es ser un político o política). ¡Qué vaina! Decir a un ‘político’ que no es ‘político’ es ver al pescador decir que ‘no pesca’.

Una campaña se avecina. Y sí, sé que en muchos casos parece no muy prometedor lo que viene, sin embargo, si desde la reflexión vamos construyendo una crítica hacia nuestra democracia, es posible que en el devenir del tiempo nuestro ánimo y perspectiva sobre lo ‘político’ en Ecuador cambie.