El Hijo Preferido

Especialistas en psicología aseguran que existe el sentimiento natural por la preferencia del hijo favorito. El subconsciente nunca traiciona. La inclinación hacia un hijo es negado por los padres en la mayoría de las ocasiones, pero ese sentir de favoritismo se encuentra bien resguardado en la mente y en los corazones de los progenitores.

Aquel sentimiento es difícil de ocultarlo y más aún cuando los padres observan su reflejo en los descendientes, quieren alcanzar metas y sueños en el espejo de ellos. Hay interés, lo hay.

Pero viremos la tortilla, ¿los hijos también idean un preferido? ¿madre o padre? ¿también muestran su favoritismo en la elección de sus abuelos? ¿y los tíos?

Removamos aún más el sarten pero ya no hablemos de la familia, hablemos de las amistades, ¿tenemos una amiga o amigo que favorito? ¿y los jefes? ¿y algún profesor? En fin, casi todo en la vida se relaciona con la elección de lo preferido.

Incluso en la gobernabilidad se evidencia preferencias, pero estas inclinaciones solo nacen cuando existen intereses de por medio. Solo por la plata baila el mono para que sea más entendible hacia donde camina el favoritismo.

Cuando llegan las elecciones presidenciales los candidatos y políticos centran su campaña en las grandes ciudades, esta preferencia es notoria por la gran cantidad de votos en disputa.

Siendo autoridad, el favoritismo es aún más notorio, obras millonarias para las grandes metrópolis y obras minoritarias para los territorios alejados. En el país no se vive un sistema descentralizado desde que el interés personal se impuso sobre el interés colectivo.

Pongamos la cerecita en el pastel: mientras Quito, Guayaquil y Cuenca se reactivan con una economía centrada en la masificación de recursos públicos, en provincias como Loja, Sucumbios, Azoguez o Zamora Chinchipe se reciben migajas, migajas que por cierto logran contentar al electorado.

Aquel favoritismo, preferencia o centralización lo hemos vivido siempre, desde el inicio de la república. Qué mal agradecidos han sido nuestros mandatarios. No valoran al hijo no preferido. Aquel hijo que se considera el motor de desarrollo del país con la extracción minera y petrolera, con la abundante producción agrícola y ganadera y con la increíble fauna y flora existentes en la Amazonía.

Los gobernantes toman muy en serio el rol de los padres: son los cabecillas del hogar, cumplen el rol de ser los jefes, imponen órdenes y por supuesto, sienten más apego por el hijo preferido.