El juego de la coexistencia.

Cambiando un poco los términos que se ha venido utilizando en estos últimos meses. Actualmente como seres humanos sociales que somos, nos encontramos adaptándonos a una nueva forma de coexistencia. Sin embargo…Al momento que hablamos del juego de la coexistencia, hacemos referencia a una forma en donde cada ilustración está representada por cada miembro de la familia –pares-familia-escuela-familia-amigos-fuerzas que influyen-condiciones socioculturales y estructurales, que permiten en cierto modo el ascenso hacia una meta (positiva) y/o situaciones negativas (o agresivas), o a las normas que nos obligan a descender. Cada situación propone una reflexión sobre la relación, y los pequeños actos dentro y fuera dela vida familiar ¿Por qué hago mención al juego de la coexistencia y sus factores influyentes? Es simple… al estar en una descripción “continua” a situaciones negativas dentro de la vida familiar, ya sea en calidad de víctima o de espectador(a),se pueden incorporar y enraizar la violencia como instrumento para la resolución de conflictos y de situaciones de tensión, generando a su vez espacios inseguros e inapropiados.No podemos descartar que el problema solo puede ser analizado desde lo visible (explicito) sino también desde lo invisible (sutil), algunas personas están bajo circunstancias negativas, y encuentran placentero dañar, matar y destruir. Desafortunadamente, en nuestra vida cotidiana es posible encontrar múltiples ejemplosde este tipo de personalidades. El comportamiento agresivoen elserhumano no es innata, sino aprendida, imbuida por los factores que influyen, lacultura.Algunos autores hacen mención que el comportamiento agresivo puede ser hereditario o aprendidodurante el desarrollo, o bien generados por una interrelación entre ambas fuerzas. Sin embargo, me quedo con la primera reflexión, porque aunque existiera esta línea entre la salud mental y la enfermedad “hereditaria”, desde mi punto de vista “el entorno arcaico es quién determina y desencadena manifestaciones agresivas y violentas, porque son conductas aprendidas asociadas a la frustración, y este aprendizaje ocurre a través de la observación de modelos de estas conductas”, y nada justifica la violencia. Al momento que consideremos afrontar la problemática de violencia como personal y como un problema social implica desarrollar el vínculo de apropiación, empoderamiento, es decir, asumir la problemática como la única forma de solucionarlo y como parte del “motor de cambio terapéutico central”. “Lo personal también es político”. Es decir, operar una verdadera reinterpretación e intervención desde los nuevos criterios de salud mental e insertándoloen el proceso de liberación y desde el enfoque de“terapia” para la otra enfermedad, como lo es la violencia. La realidad y el conocimiento se construyen socialmente, y no hay objeto sin sujeto. Y depende de todos (as) ser agentes activos de la transformación social, y también ser sujetos activos de transformación de nuestra propia salud mental.