EL PAÍS DEL ENCUENTRO

La democracia es alternancia en el poder; la monarquía y el caudillismo buscan ser perpetuos, y cuando se unen a la tiranía, imperan maliciosamente incluso por encima de la vida.

Esa idea la entendió claramente el pueblo ecuatoriano y decidió un cambio de timón, venció la guerra de datos falsos en las etapas preliminares, derrotó a la guerra de nervios creada como parte de las estrategias finales. El Ecuador terminó haciendo una buena lectura, y en el fondo, lo más importa es que entendió el cómo volver a empezar, por dónde comenzar el reinventarnos como Estado, el replantearnos cómo República, encargándole a Guillermo Lasso la transformación que demanda impostergablemente el país.

La mayoría ciudadana logró dar el primer paso para desempotrar el correísmo de las instituciones, ganó las elecciones; al electo presidente, le corresponde completar la labor, descorreizando el Estado. Es obvio que no habrá persecuciones, ni la venganza tendrá cabida en el nuevo sistema; pero punto aparte, es que la justicia con libertad, esté obligada a hacer su trabajo y sancionar a quienes atracaron las arcas fiscales: cero impunidad. Hay que limpiar las instituciones del piponazgo, excluir a los negligentes, y que los vagos e ineficientes arraigados en las entidades públicas, así como los que compraron los puestos y los improvisados, no tengan la más mínima oportunidad para trabar las ejecutorias del nuevo gobierno.

Se habla del país del encuentro y se avizora un llamado a la unidad nacional. Esperemos que de resultado la construcción de una agenda mínima; pues, todo acuerdo transparente, por encima de la mesa, rompe cualquier diferencia ideológica, política o doctrinaria. Si se prioriza la labor del Estado, mientras se fortalece la institucionalidad, la descentralización y la independencia de funciones, se debe aplicar mayor libertad para generar empresas, provocando además acuerdos entre los dueños del capital y el sector laboral, sin ambiciones de grupo. De manera transversal, es imprescindible trabajar mancomunadamente para afianzar las bases de la seguridad jurídica que requiere urgente el Ecuador; sin descuidarse que es preciso consolidar la democracia para evitar la desestabilización.

Presidente Guillermo Lasso, no le falle a la gente; es hora de escuchar más y hablar menos; escuche al pueblo, no a quienes intentarán ceñirle una venda en los ojos. Tiene mucha gente buena en su entorno, que merecen sin duda formar parte de su gobierno, pero no se olvide de exigir honestidad, decencia y honradez en sus colaboradores, recuerde que estos valores son incompatibles con los esbirros del poder: antes, ahora y siempre. Si realmente tiene entre ceja y ceja, cambiar el país, combatir la corrupción y devolverles la esperanza a los ecuatorianos, recuerde que la descomposición social, las inmoralidades y la corruptela, se la combate a la de afuera y a la de adentro. Sin justicia no hay Estado, sin justicia no hay democracia.