El pan de América

Cuando los pueblos originarios de América establecieron sus sistemas de producción y comercio, estos estaban adaptados a requerimientos sociales y culturales diferentes al de los “conquistadores”; pues la alimentación no solo era una necesidad biológica, también era una conexión espiritual con la naturaleza.

El pan de América fue el título de una obra escrita (y publicada en 1986) por el célebre científico ecuatoriano Eduardo Estrella Aguirre, en donde detalló la base de la alimentación de nuestros pueblos originarios y es en donde podemos evidenciar la agrobiodiversidad que se utilizaba en cada uno de los pisos ecológicos de nuestro país. Por ejemplo, es interesante saber que la mayoría de los cultivos tenían un carácter medicinal, ya sean tubérculos andinos, cucurbitáceas, legumbres o frutos; todas tenían un uso específico.

“El pan de América” es un gran concepto porque hace referencia a los productos alimenticios que deberíamos consumir a diario para mantenernos saludables y la vez conservar las tradiciones de nuestros pueblos; rescatando el conocimiento ancestral de la medicina y el cuidado ecológico de los cultivos.

“El pan de América” debería ser el acceso en nuestros mercados a productos como: maíz, quinua, ataco, fréjol, pallares, canavalia, maní, chocho, porotón, papa, melloco, oca, mashua, miso, yuca, camote, zanahoria blanca, jícama, achira, ñame, zangu, tagua, caña, totora, palmito, aguarongo, penco negro, vijao, lengua de vaca, paico, bledo, verdolaca, berro, chulco, capuchina, tomate, ají, achicoria, zapallo, zambo, entre otros que incluye también a condimentos, especias y a alimentos de origen animal. Pero lamentablemente la realidad es otra, la agrobiodiversidad ha disminuido significativamente y según lo reportado por Bioversity Internacional (2009) el 50% de nuestra ingesta alimentaria está basada en solo tres cultivos: trigo, arroz y maíz.

A través de la historia ¿qué hemos aprendido y valorado de la agrobiodiversidad? tal vez muy poco, nuestra memoria colectiva ya no conoce de los cultivos ancestrales, muchos de ellos se han perdido y otros pocos se mantienen para el autoconsumo en las comunidades agrícolas. “El pan de América” ahora son solo “migas de una gran agrobiodiversidad” que mantenían nuestros pueblos originarios.