¿ELEGIMOS PARA GOBERNAR O PARA OBEDECER?

El Pleno del Consejo Nacional Electoral (CNE), emitió un informe que determina y asigna una reducción al presupuesto por un  monto de $114,3 millones de dólares y proyección al Fondo de Promoción Electoral (FPE) en $20,3 millones de dólares, además de 2 millones asignados para bioseguridad ante la crisis sanitaria, así como inversión para campaña comunicacional que garantice la democracia, con la finalidad de salvaguardar la vida de todos, estos presupuestos significan una reducción a lo otorgado y presupuestado en años anteriores, la presidenta Diana Atamaint recalcó la importancia de dar prioridad a la salud de los ecuatorianos quienes  estamos atravesando una grave crisis en el sistema económico, financiero y de salud que se agudizó con la inesperada llegada del COVID_19. Existe una gran interrogante ante estos sucesos acaecidos en medio de un proceso electoral para elegir al próximo gobernante y legisladores de un país que necesita urgente restauración política, fiscal y social por lo tanto la gran interrogante es: Porqué ahora se considera la reducción presupuestaria para el proceso electoral 2021? Esta bien priorizar la salud ante esta pandemia, pero no hubiese sido mejor considerar esta reducción mucho antes, no se debió acaso priorizar siempre la salud, educación y trabajo de los ecuatorianos, recordemos que es el pueblo trabajador  quien paga mediante sus impuestos las campañas de ciudadanos que se lanzan a la política y quienes en su mayoría al llegar al poder poco o nada hacen por sus electores quienes les damos el voto de confianza, fe y esperanza para un mejor país, pero también deberíamos interrogarnos lo siguiente: Elegimos para gobernar o para obedecer? Por ello es importante aclarar la diferencia entre gobernar  y mandar porque parecen sinónimos pero no lo son.

Gobernar significa ejercer la dirección política y administrativa de un estado, dirigir la suerte de un pueblo, servir a los demás con criterio y propósito altruista.

Mandar en cambio significa imponer algo a un súbdito, aplicar con autoridad su propia voluntad egoísta, dar una orden para que otros obedezcan obligados.

Parece lógico pensar que si los partidos políticos son elegidos democráticamente sus programas en materia cultural se deben aplicar en materia cultural mediante instrumentos que lo público tiene a su alcance, pero la realidad es que si no existe un programa cultural para el pueblo es imposible que quienes lleguen al poder sientan la obligación y patriotismo de dirigir con sabiduría a un país, sobre todo tengan criterio propio con la capacidad de conocer la realidad y tomar la mejor decisión según las circunstancias, manejar con prudencia las políticas siendo ecuánime sin actuar precipitados o impulsivos, con fortaleza para llevar a cabo las tareas asignadas, con el deber y obligación de ejercer justicia renunciando al interés propio, buscando el beneficio para el pueblo  que los eligieron, pero para que todo esto suceda y existan cambios reales y positivos debemos empezar por nosotros mismos, por cada ciudadano y lo haremos solo si existe una verdadera cultura y autoeducación desde nuestros hogares, incentivando la lectura que es la base para obtener la capacidad de criterio propio, siendo menos propensos a dejarnos llevar o influenciar por lo que los demás digan o quieran imponer, así podremos analizar por quién y para qué damos el voto. Por lo contrario estaremos eligiendo personas que lo único que desean en su ser egoísta es llegar al poder sin el verdadero sentido de la burocracia y democracia, con el derecho y poder de ordenar, mandar e imponer lo que a su conveniencia desean, llenarán sus bolsillo sin importar la situación crítica o no de un pueblo, sin importarles las necesidades y mucho menos el progreso  de sus habitantes.

El desarrollo o fracaso de un país no depende de sus gobernantes, el pueblo es el mandante y depende de nosotros lo que queremos para nuestras presentes y futuras generaciones.