Lojano, profeta y en su propia tierra.

Hace pocos años recordábamos la partida de un virtuoso guitarrista que envolvía el aire lojano con sus melodias virtuosas. Loja vio como un inquieto muchacho que impresionaba con sus destrezas en escenario, terminaba sus días en la capital, lejos, a muchos kilómetros de su ciudad natal .

Él, al igual que muchos otros lojanos virtuosos del rock, de las letras y novelas, brillantes académicos en busca de mejores universidades, deportistas, pintores, políticos, trovadores, librepensadores, activistas, empresarios, les ha tocado romper su corazón en dos partes; una se quedará en su inocente Loja y la otra que saldrá a conquistar extrañas tierras. Tal como le diría Alfredo a Totó en la película Cinema Paradiso: “esta tierra está maldita”, nuestra cuna parece maldecir a sus hijos, parece que se cumple la profecía “lojano come lojano …”, pero no, no es exactamente así.

Lo que necesitamos en realidad es un poco más de coordinación y planificación. Los músicos lojanos se esfuerzan por tocar imitaciones y no producciones propias. Una producción musical propia produce que el país voltee a mirar hacia donde nacen sonidos creativos, frescos y originales. Empresarios lojanos sufren del clásico “riesgo sobre sus inversiones”, olvidando que la falta de inversión también representa una oportunidad siempre y cuando se proponga con CREATIVIDAD e INNOVACIÓN nuevos servicios a la colectividad. Si, si existe salida para la gran mayoría de profesiones, vocaciones, proyectos y empresas de nuestra ciudad.

Una vez más invoco a la visión de largo plazo, a la planificación estratégica, al sentido de pertenencia a esta ciudad, a la creatividad e innovación como salida al estancamiento económico y laboral en el que Loja se ahoga. En realidad “lojano no come a lojano”, lojano no crea, no innova productos y servicios diferenciados y cuando le toca saltar al cuadrilátero mercantil, se equivoca al escoger el canibalismo comercial en vez de diferenciarse y especializarse.

La innovación nos permite aprovechar el potencial que nos ofrecen las ventajas competitivas que tenemos y que a su vez se traducen en mayores ingresos y riesgos aceptables. Innovar significa tanto como para un atleta, empresario (u opinólogo como quien escribe este editorial); el liderar en su rama, el abrir oportunidades para el resto y no simplemente “competir” con sus semejantes a quienes paranoicamente terminamos por catalogarlos como adversarios.

De esta falta de creatividad nace la execrable idea de que la ciudad se la ordena con el rigor de la ley que termina siendo la violencia y no con brindar oportunidades. En este esquema de pensamiento se cree que un sector de la comunidad no es merecedor de oportunidades, que son enemigos y se trata de justificar su existencia con chifladas afirmaciones en donde las autoridades elegidas los tratan de “politiqueros” o “son enemigos de la ciudad o del alcalde”.

Locura es hacer lo mismo y esperar resultados diferentes. Cuando no obtengo los resultados deseados de algún proyecto o plan, es posible que haya olvidado innovar. Cuando creo que el resto son adversarios en vez de socios, es seguro que me faltó innovar. Si, es posible ser profeta y en tierra propia y que mejor que sea en Loja. ¿Nos hace falta hago para crear e innovar al igual (o mejor) que Quito, Lima, Guayaquil o Cuenca?.