PERDONA A TUS ENEMIGOS

En política, hay contrarios no enemigos, súplica que vienen promocionando ciertos personajes, especialmente ahora luego de perder las elecciones, seguramente buscando: clemencia, cuando ofrecían venganza; perdón, cuando eran los primeros en afilar la espada; y, olvido, cuando prometían una cruel y desenfrenada represalia a sus contrarios.
El miedo de que les apliquen el ojo por ojo, diente por diente, los muestra como pavorosos seres «indefensos», que buscan indulgencia, siendo capaces hasta de arrastrarse. Ahí cabe preguntarnos: no sé si la culebra pueda existir sin veneno; el alacrán algún día deje de picar; y, el correísta de elite se olvide de abusar, saquear o perseguir. Implícito es entender que, seguro si alcanzaban el poder, estarían ponzoñosos, letales y vengativos.

La venganza jamás será buena, y por eso, las sociedades dejaron sus conflictos en manos de la justicia, obviamente esperando que obre sin intervención política, ni para perseguir peor para solapar. Pues, someter a inocentes, es execrable; así como también, perdonar delitos incuestionables, es detestable. Allanarles el camino a la impunidad, so pretexto de alcanzar niveles de gobernabilidad, es un boomerang peligrosísimo que pasa factura de manera inmediata al que lo lanza; y si encarga puestos de mando a los aliados de la delincuencia organizada, terminará respondiendo más allá del post arrepentimiento, por los hechos delegados.

Punto aparte, pero bajo el mismo esquema de gobernabilidad “que buscan”, visibilizar un gobierno diferente con las mismas reglas de juego, resulta épico, fantasioso y hasta enfermizo. No se trata de un simple baile de disfraces, con la misma música, iguales personajes, esperando resultados diferentes. Se trata de iniciar cambios profundos, para lograr una transformación sustancial del Ecuador; aquí no hay medias tintas: la independencia de la justicia, se logra cambiando los jueces empotrados por el correato; lo mismo que la contraloría, la procuraduría, las superintendencias, la SENESCYT, la corte constitucional. Y, por último, si la asamblea no quiere entender el momento histórico, la muerte cruzada es una solución.

De lo que, si estamos seguros, es que si el gobierno entrante no descorreíza las instituciones, está destinado al fracaso. No tiene por qué perseguirlos, no debe gastar su valioso tiempo, eso le toca a la justicia, pero con jueces probos y capaces. Aquí, encaja la sabia popular que dice: Perdona a tus enemigos, pero nunca olvides sus nombres. Si el presidente entrante, cree que se puede dar el lujo de gobernar con correístas, está marcando el camino, para seguir con lo mismo. No puede olvidar jamás que la mayoría del pueblo, votó para de una vez por todas, enterrar los 14 años del correato, sepultar al falso socialismo del siglo XXI, no para ampliarlos a 18 años, ni revivirlos. Nunca olvidemos: lo que empieza bien, termina bien; y, lo que empieza mal, termina mal.