RESPONSABILIDADES ELECTORALES

La sociedad funciona como un todo, y su equilibrio se afirma o se desarticula cuando uno o varios de sus componentes marchan de buena manera o se desfasan; la sociedad, delega implícitamente su desarrollo o estancamiento,a los diversos sectores que la conforman; y, la sociedad, depende de quienes se atreven a liderarla, conducirla y desarrollarla. De ahí la importancia de la política dentro del modelo de Estado que tenemos, porque termina siendo la vía por donde se encamina a designar los administradores y legisladores, que, en nombre del pueblo, deciden: por donde conducir a la sociedad; cómo norman su conducta; pero por sobre todo, cómo se alcanza un desarrollo armónico para su convivencia.

El Estado ecuatoriano para ejercer el gobierno optó por el sistema de República, entendido como el gobierno de todos; y, utilizando la democracia como método de designación de gobernantes, distribuye las responsabilidades por sectores, así: a los partidos y movimientos políticos, les faculta, agruparse con base en similares postulados ideológicos y doctrinarios, entregándoles la tarea de formar gente, pero principalmente el de postular a los candidatos, que se sobreentiende deben ser sus mejores representantes; a los candidatos, les da la oportunidad de transformarse en dignatarios si gozan del voto popular, exigiéndoles tan solo, capacidad, preparación y desempeño, tanto en la campaña para convencer, como en la ejercicio del cargo elegido para administrar bien.

Por su parte, entrega también una responsabilidad a los medios de comunicación, gremios, universidades, sindicatos, cámaras de la producción, dirigencias barriales, que son los encargados de evaluar la capacidad de los candidatos, encargados, además de revisar su historial y cuestionar sus propuestas, a través de entrevistas, debates o foros; y, finalmente, a los ciudadanos, entregándoles la altísima responsabilidad de elegir a sus mandatarios, de forma directa y secreta, a través del voto popular, quienes con absoluta libertad asumen a su cuenta y riesgo la responsabilidad de apoyar a buenos o malos, honestos o deshonestos, capaces o improvisados.

En tal sentido, la responsabilidad al elegir a los dignatarios es compartida: los partidos y movimientos designan los candidatos; los candidatos son conscientes de su capacidad o mediocridad; las pequeñas sociedades valoran en cada sector las propuestas y el perfil de los candidatos; y, los ciudadanos eligen a sus representantes, del listado presentado por los partidos y movimientos, tomando en cuenta la valoración hecha por los diferentes sectores mediáticos, educativos, productivos y sociales. En todo caso, las reglas de juego están echadas, incluidas las trampas subterráneas que habitan en el sistema; pero, la responsabilidad final recae en todos nosotros como ciudadanos, quienes de forma consciente debemos aprender a elegir bien, o seguir siendo responsables de las improvisaciones que seguirán hundiendo a un Municipio que no da más, y que exige un cambio profundo e impostergable.