Ser mejor anfitrión

El Ecuador requiere con urgencia contar con una economía sana, fuerte e inclusiva, capaz de brindar condiciones para alcanzar la prosperidad general, de acoger a quien trabaja honradamente en su profesión o de manera independiente, al emprendedor, al que invierte y hace empresa. Se requiere, por ejemplo, capitales frescos para producir, generar empleo, progresar y crecer. La inversión puede llegar complementada con know how técnico, mejoras gerenciales, de organización y logísticas, y con nuevas oportunidades en mercados internacionales. Sin embargo, no estamos enviando al mundo las mejores señales para ello.
Invertir implica correr riesgos, por esto las principales decisiones de los inversionistas se sustentan en elementos evaluados previamente. Estudios a nivel global muestran algunas cuestiones que analizan los inversionistas: certidumbre política y estabilidad económica, transparencia, legislación tributaria y laboral, estímulos y servicios de promoción, nivel de competitividad -previsibilidad y eficiencia-, barreras internas, infraestructura como transporte y electricidad, normativa nacional e internacional de protección de inversiones, proveedores confiables e insumos de producción locales.
Masacres en las cárceles, inseguridad ciudadana, rampante corrupción, falta de políticas integrales, desacuerdos políticos para producir leyes idóneas, burocratización e ineficiencia pública, son solo algunos problemas que deben ser superados prontamente para recuperar la economía nacional que no puede depender de los vaivenes del precio del petróleo u otros comodities, y de remesas de nuestros migrantes en el exterior. El fin es persuadir al escurridizo inversionista para que apueste por el país, pero la sola invitación a invertir puede ser como señal de humo que el viento disipa, por lo que también se precisa hacer esfuerzos desde el más alto nivel político, para que como buenos anfitriones pongamos la casa en orden y punta en blanco.